EN BUCARAMANGA EXPRIMEN Y ROBAN SALARIOS A LOS TRABAJADORES



20 de septiembre de 2021


Debido a más de 30 años de destrucción de las fuerzas productivas nacionales, en el actual contexto de crisis generalizada, la clase trabajadora de Colombia afronta la más grave de sus crisis. Según el DANE, en marzo pasado el desempleo alcanzó a 3,4 millones de personas, lo que representó 468 mil personas más que en 2020. Si se mira Bucaramanga, aunque sea una de las que menor desempleo reporta, sigue siendo la ciudad del rebusque donde en el trimestre mayo – julio de este año se reportó que del total de personas ocupadas, el 54,1% estaban en la informalidad.


Entonces es necesario preguntar: ¿de cuál recuperación hablamos? ¿de cuál reactivación? Avianca, las petroleras, los bancos, las grandes cadenas comerciales, parecen reactivarse con éxito, porque además la mayoría de ellas no pararon de acumular billonarias ganacias, mientras el pueblo encerrado en la cuarentena pasaba hambre. Pero, ¿y la gente humilde y trabajadora que es la gran mayoría?


Cuando se trata de subsidiar y dar gabelas, y por ende de prosperidad, los que la disfrutan son los grandes ricos de Colombia y el mundo; privatizar los beneficios del despegue económico. Pero cuando los capitalistas anuncian que vienen las crisis, imponen los recortes: disminución del presupuesto público para inversión social, desmejora en condiciones laborales, alza de impuestos al pueblo, venta de bienes públicos… es decir, los paquetazos neoliberales, impuestos a la fuerza.


Entonces siempre que el capital se siente en crisis, corre a resolverla con la sangre y el sudor de la clase trabajadora, de quienes no son de la rosca del gobierno o dueños de las grandes empresas y fortunas. Siempre que anuncian crisis el capital intenta cargarla sobre los hombros de los trabajadores, por lo que la lucha de clases como fenómeno social permanece vigente: ricos dispuestos a todo para no perder sus privilegios, poderosos dispuestos a todo para no perder su posición dominante, políticos que se adueñaron del Estado dispuestos a lo que sea para no dejarse sacar de sus cómodas posiciones. Quien en los últimos años lo explicó mejor fue el multimillonario Warren Buffett: “Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando”.


En Bucaramanga hay tres casos que ejemplifican cómo el Capital atropella sin clemencia a los trabajadores:


1. Hasta hace unos días los trabajadores de la empresa Comercial Nutresa desarrollaron una huelga de hambre organizada por el Sindicato SINALTRAINAL para exigir el reintegro de unos dirigentes sindicales e impedir una anunciada masacre laboral. El Capital debe asegurar su dominio, por tanto hace lo que sea para descabezar las expresiones de poder organizado de las trabajadoras y trabajadores.


2. Los trabajadores de la empresa de transporte urbano UNITRANSA S.A. completan más de 3 semanas en cese de actividades, pues la patronal se niega a pagar dos meses de salario. Algo tan básico como recibir el pago por vender su fuerza de trabajo, ahora se volvió un privilegio. Quieren hacer sostenible el negocio del transporte público en Bucaramanga a punta de robarle el trabajo a los conductores.


3. Les deben 2 meses de salario a 230 trabajadores del Hospital de Florida, la mayoría de ellas mujeres. El gobierno es alcahueta con las EPS que le deben grandes cuentas a la red pública hospitalaria, pero es inclemente con los trabajadores que han prestado un gran servicio social durante la pandemia, aún ariesgando sus vidas. En este Hospital pagan los peores salarios de toda la región, menos del mínimo mensual legal vigente, y ahora quieren tapar el hueco financiero dejado por los mercaderes de la salud con la plata que debería ser para cumplirle con los salarios a las mujeres y hombres trabajadores.


El Capital aprieta en todo momento, porque necesira mantenerse al mando; se propone mantener a la clase trabajadora en la miseria para que no tenga fuerza para cambiar el actual orden injusto. En este proceso acrecientan la miseria, incrementan las desigualdades, arrastran a los jóvenes a la ilegalidad, feminizan la pobreza e intentan robar la esperanza de todo un pueblo.


Esto es lo que se proponen con el Proyecto de Ley 99 que modifica la forma de contratación de los jóvenes trabajadores. La Ley de Primer Empleo aprobada en 2010 desmejoró las condiciones laborales de los jóvenes en todo el país, pues sus contratos se volvieron basura mal paga y sin garantías de estabilidad. Y ahora el Proyecto de Ley 99 pretende cambiar los contratos de trabajo por contratos de aprendizaje donde los recién egresados de educación media, técnica, tecnológica, profesional o del SENA tendrán que agachar la cabeza ante los patrones, recibir peores pagos y trabajar en peores condiciones. Como dice la canción: “¿Quién dijo que yo debía pagarle por enseñarle a trabajar?”.


Los jóvenes que ni estudiaban ni trabajaban (Ninis) en Colombia llegaron a 3,2 millones entre febrero y abril de 2021. Este es el fondo de lo que se vivió en el Paro Nacional: “llegaban pelados a las marchas y bloqueos que llevaban dos y tres días sin comer, la olla comunitaria es lo único que comían…” Ahora, como si esto fuera poco, a los que estudian para intentar tener un trabajo les van a imponer peores condiciones. ¿Con pagos por debajo del salario mínimo quién quiere trabajar? ¿Así a quién no le da rabia trabajar? ¿Cómo impedir que estos jóvenes humillados y ofendidos por el Capital desaten su ira contra este injusto orden?


El Paro Nacional bajó en intensidad, pero la lucha de clases sigue, y no porqué se la hayan inventado unos líderes de izquierda, sino que como se ha visto, se da porque el Capital necesita aplastar al 99% que pertenece a la clase trabajadora. En consecuencia, ante el choque violento que pretenden los más ricos y quienes dirigen el Estado, se hace obligatoria una intensa defensa de los Derechos Humanos, pues indistintamente de la situación económica que viva la sociedad, no se los pueden quitar a la gente.


Foto: Vanguardia.com

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