Columna de opinión Semanal del Departamento de Derechos Humanos de la CUT Santander
29 de marzo de 2021
Hace unos días, la Fiscalía en Cartagena declaró como crimen de lesa humanidad el asesinato de Jorge Ortega García ocurrido el 20 de octubre de 2020, mientras ejercía su labor sindical como vicepresidente de la CUT Colombia y miembro del Comando Nacional del Paro Estatal de los Trabajadores. Jorge se había hecho sindicalista desde su 18 años y en 1994 fue encarcelado por un montaje judicial acusado de ser del ELN, proceso que precluyó en 1998 por falta de fundamentos.
Esta declaratoria significa que el crimen no prescribe y continúan las investigaciones sobre los autores intelectuales y promotores. Un sicario fue condenado, pero jamás se ha sabido la verdad acerca de quién dio la orden; para la familia, la CUT, organizaciones sindicales y el pueblo del Caribe, no ha habido justicia.
Este caso es uno de muchos más en Colombia, donde personajes poderosos ubicados en juntas directivas de empresas y caciques políticos, intentan chantajear a dirigentes sindicales, luego los presionan, amenazan y asesinan.
En Santander, está el caso de Carmen Elisa Nova y Sintraclínicas. Ella era Fiscal del sindicato, conformado por mujeres, la mayoría madres cabeza de hogar quienes se opusieron en 2003 a una reestructuración de la Clínica Bucaramanga pues las perjudicaba; directivos intentaron comprar a sus líderes, pero como no pudieron, usaron la violencia.
En 2002, a la presidenta Teresa Báez intentaron secuestrarla; en 2003, fue encarcelada acusada de rebelión, proceso que luego fue desvirtuado. El 15 de julio de 2004, mientras llegaba a su casa, después de cumplir su turno como enfermera, Carmen Elisa Nova fue asesinada a tiros por sicarios del Bloque Central Bolívar. Después, a Teresa Báez le levantaron el fuero sindical y la despidieron.
Hugo Castellanos Chalela era el director y principal accionista de la Clínica Bucaramanga; se comprobó que pactó con paramilitares el asesinato de Carmen Elisa y es responsable del asesinato de uno de sus escoltas que sabía todo acerca del crimen. El sindicato Sintraclínicas se acabó por falta de socias, claro después de todo esto, ¿qué mujer se va a querer organizar y hacer reclamos?
Hay una deuda muy grande de justicia y verdad, de parte de algunos gremios empresariales en Santander quienes siempre usaron la violencia y las armas para acallar la oposición, el debate, la crítica y la veeduría social.
Departamento de Derechos Humanos CUT Santander

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