Bucaramanga, 1 de septiembre - La lucha de los trabajadores sindicalizados en Colombia se enfrenta a un nuevo desafío con la reciente suspensión del presidente nacional del sindicato Sintracap, Aldivey Castro, por parte de la Transportadora Comercial de Colombia (TCC). Este episodio, desencadenado por protestas pacíficas llevadas a cabo el pasado 5 de julio en todo el país, vuelve a poner de manifiesto una problemática persistente: la persecución y estigmatización de líderes sindicales. Es un recordatorio de que, en Colombia, defender los derechos laborales sigue siendo una batalla necesaria y urgente.
La suspensión de Aldivey Castro, presidente del sindicato Sintracap, es el último episodio en una serie de medidas tomadas por la Transportadora Comercial de Colombia (TCC) contra los trabajadores sindicalizados. La justificación de la empresa para esta suspensión se basa en la falta de aviso previo de las protestas realizadas, un argumento que muchos consideran como un pretexto para silenciar las voces que exigen mejores condiciones laborales y el respeto a los derechos sindicales.
Este incidente también pone de relieve una táctica recurrente utilizada por algunas empresas en Colombia: la persecución de líderes sindicales. El mensaje claro que se envía es que cuestionar las condiciones laborales o alzar la voz en nombre de los trabajadores puede tener consecuencias profesionales graves. Este clima de miedo y represión no solo es injusto, sino que también socava los principios fundamentales de la democracia y los derechos humanos.
El sindicato Sintracap ha sido objeto de una tutela presentada por el grupo logístico TCC en respuesta a estas actividades de protesta. Este paso legal deja en claro que la empresa busca obstaculizar el legítimo ejercicio del derecho de asociación y socavar la capacidad de los trabajadores para negociar condiciones justas. Sin embargo, los líderes sindicales y los trabajadores están decididos a no permitir que sus derechos sean pisoteados.
El presidente del sindicato Sintracap y sus colegas han reafirmado que ser líder sindical no es un delito. Su compromiso con la lucha por condiciones laborales dignas y el respeto de los derechos sindicales es un acto de valentía que merece reconocimiento y apoyo. Solo cuando la sociedad se una y defienda estos principios, se podrá lograr un cambio significativo en la situación laboral en Colombia.
Este episodio nos recuerda que la lucha por los derechos de los trabajadores en Colombia está lejos de terminar. La solidaridad y la determinación son las armas de los sindicatos y de todos aquellos que creen en la justicia y la igualdad en el ámbito laboral. Es hora de decir alto y claro: ¡no más persecución, no más estigmatización! El respeto a los derechos laborales es un pilar fundamental de cualquier sociedad justa y democrática.

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