
Columna de opinión Semanal del Departamento de Derechos Humanos de la CUT Santander.
13 de diciembre de 2021
Todo este año 2021 ha sido de una profunda convulsión social como resultado de la miseria y opresión política en la que se encuentra el pueblo colombiano. Son ya 31 años acumulados de reformas que han despojado de derechos a la población y acrecentado las inequidades, con lo que Colombia llega a ser uno de los países más desiguales del mundo.
Esta dura realidad se corrobora en Santander con el acaparamiento de las riquezas por parte de los grandes capitales de la agroindustria, la minería, el turismo de élite, la salud como negocio, las grandes constructoras y bancos; contexto agravado por el extractitivismo que destruye la naturaleza, exprime a las trabajadoras y trabajadores y violenta a las comunidades que se le oponen.
Entonces, es natural que Bucaramanga, como capital de este desigual departamento, reporte el tercer nivel más bajo de desempleo a la par de una escandalosa informalidad laboral que ronda entre el 50% y 70%. Mientras los superricos de la región y sus amigos políticos engordan sus fortunas, la gente trabajadora a duras penas sobrevive en el rebusque y con contratos de trabajo inestables.
La gran mayoría de familias colombianas comen apenas dos veces al día. Y para empeorar la situación, quisieron imponer la Reforma Tributaria de Carrasquilla para meterle impuestos hasta al café. Entonces los jóvenes llegaban a las ollas comunitarias del Paro Nacional 2021 sin haber comido dos o tres días seguidos, pero con una rabia inmensa, y por eso el estallido social era imparable.
Ellos sabían que esto iba a pasar, pues es un fenómeno mundial: grandes fortunas acaparadas de forma inmoral en medio de la miseria generalizada, no son sino la incubadora de la chispa que incendia la digna rabia. Por tanto desplegaron su poder para judicializar, las armas del Estado y la complicidad con bandas paraestatales para ahogar en sangre la protesta social.
Por eso este 2021 será recordado como el peor en muchos años en materia de Derechos Humanos para Colombia. Y Santander no se escapa, con una serie de atropellos por parte de agentes estatales como las agresiones físicas indiscriminadas contra las marchas, las golpizas, los heridos, los abusos sexuales, las detenciones injustificadas y hasta los montajes judiciales, como el que le hicieron a los jóvenes campesinos de Rionegro (Santander) acusados de terrorismo por protestar contra el peaje.
La violencia estatal era de esperarse, por la doctrina fundacional de las fuerzas policiales y militares que desde su origen hace más de un siglo han concebido a la población como potencial enemiga, sujeto a controlar, caldo de cultivo del enemigo comunista… Y también, porque el sector político que gobierna a Colombia en cabeza del expresidente Uribe y militares como el general Zapateiro, se sienten acorralados al quedar descubiertos como propiciadores de las violaciones de Derechos Humanos en los últimos 30 años en Colombia y de los más espantosos casos de corrupción y narcotráfico.
Ante la creciente tensión social y política, donde los enemigos de la paz y los Derechos Humanos actúan con creciente violencia, las organizaciones sociales debemos avanzar en fortalecer nuestros lazos unitarios y solidarios. Así mismo ganar una conciencia colectiva de que todas y todos podemos ser y debemor actuar como Defensores de los Derechos Humanos. En memoria de las cientos de personas violentadas en el Paro Nacional 2021, jamás aceptaremos la impunidad ni el terrorismo de Estado, nunca renunciaremos a la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.
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