EL CAMBIO SERÁ CON LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS MUJERES

 


 

Datos y estudios del Estado colombiano muestran que las violencias y la pobreza recaen con mayor fuerza contra las mujeres. 114 años después del surgimiento del 8 de marzo, la sociedad y el Estado tienen una profunda deuda con la equidad de género. Desde las organizaciones sindicales estamos llamando a avanzar en cambios basados en los Derechos Humanos de las mujeres.

 

Columna de opinión del Departamento de Derechos Humanos de la CUT Santander

7 de marzo de 2022

 

Cada 8 de marzo se conmemora el dia internacional de la mujer trabajadora y sabemos que la fecha corresponde a la masacre de un grupo de trabajadoras estadounidenses en 1908. Han pasado 114 años desde ese momento en que estas mujeres pedían que les pagaran el mismo salario que a los hombres y que su jornada de trabajo fuera menor a 10 horas. La respuesta del patrón fue encerrarlas y quemarlas, desatando una tragedia que mostró, como ahora, toda la violencia que existe en nuestra sociedad en contra de las mujeres, por ser mujeres y trabajadoras.

Si vivieramos en un mundo justo,  los salarios de las mujeres no serían menores en promedio que los de los hombres, o su trabajo en la casa sería reconocido y pago, o su liderazgo no sería menospreciado, o sus jefes no las acosarían, o no serían abusadas sexualmente. Dicho de otro modo, con la mexicana Marcela Lagarde: “Si el Estado tuviera perspectiva de género, si fuera entonces más democrático, no habría tolerancia social a la violencia hacia las mujeres y por lo tanto al feminicidio”.

Así como hace 114 años, hoy las mujeres de Colombia reclamamos los mismos derechos económicos que los hombres. En marzo de 2021 el desempleo en los hombres fue de 12% mientras en las mujeres 21%. Las mujeres no nos inventamos las barreras que los patrones ponen para que una de nosotras ingrese a ciertos puestos de trabajo, donde nos siguen considerando tontas o incapaces.

Debido a la crisis social, hay más pobres en Colombia, pero han sido más las mujeres que se han vuelto pobres: el 46% de las madres cabeza de hogar dirigen familias que están por debajo de la linea de pobreza. Las mujeres tenemos menor acceso a fuentes de recursos y tenemos que administrar la pobreza que nos deja el modelo económico.

Somos las mujeres quienes garantizamos que los hogares funcionen, porque así no haya absolutamente nada, resolvemos la comida, el cuidado y la crianza. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo hecha en el año 2021 por el DANE, las mujeres colombianas pasamos 7 horas y 22 minutos en promedio trabajando en las labores domésticas, sin pago, mientras que los hombres apenas dedicaron 3 horas y 1 minuto a dichas labores. Esto que llaman el amor de las mujeres por la familia, es una forma velada de esclavitud de la sociedad y se llama Trabajo Doméstico No Remunerado.

Ahora bien, aquellas mujeres que tienen un empleo o negocio se enfrentan al grave problema de las violencias en los escenarios públicos, como el puesto de trabajo, el transporte, la calle o las instituciones. En el año 2014 el Grupo de Equidad Laboral del Ministerio del Trabajo lideró la “Encuesta de acoso sexual en el ambiente laboral” la cual evidenció que el 84% de las personas conocen de acoso sexual en el lugar de trabajo y afirman que 82% de las veces se da por medio de solicitudes o presión para tener sexo o actos sexuales por parte de sus jefes o compañeros de trabajo, siendo mujeres la mayoría de las víctimas.

Ni el feminicidio, ni las violencias contra las mujeres son un invento. Es tan cierto que el Congreso y las altas Cortes de Justicia en Colombia lo han reconocido, además de que el Sistema de Naciones Unidas hace constantes llamados urgentes a detener toda la cadena de violencias y exclusiones que recaen sobre las mujeres en el mundo.

Por esos motivos, desde las mujeres de la clase obrera hemos sido insistentes en llamar a nuestras propias organizaciones sindicales y sociales a darle la mayor importancia a esta problemática y a las soluciones que se requieren para avanzar en equidad. Nuestros compañeros hombres deben tomar parte activa en cuestionar los valores, conductas y costumbres que normalizan la discriminación y diversas formas de violencia contra las mujeres, en el trabajo, la vida privada, las relaciones sociales y la lucha.

Han emergido ejemplos muy positivos que demuestran que sí es posible adelantar cambios en aras de la equidad. Uno de ellos, es la incursión de más mujeres lideresas en la lucha social y política, por ejemplo con la paridad en las elecciones: 50% de las candidaturas en las listas de un partido político deben ser hombres y otro 50% para mujeres.

Otro ejemplo, es la implementación de protocolos para que las mujeres lideren el tratamiento a los casos de abuso, acoso y violencias de género dentro de las organizaciones sociales y políticas, y para que las organizaciones actúen con base en el enfoque diferencial y de género.

Adicionalmente, es de resaltar la labor de las mujeres populares y las jóvenes que han decidido no callar más ante los chantajes, presiones y violencias por parte de los patrones y todo superior jerárquico.

También las familiares de mujeres víctimas de feminicidio empiezan a organizarse, denuncian, exigen justicia, y llaman a educar para desmontar el orden cultural, social y económico del patriarcado.

Falta mucho camino por recorrer. Las falencias son grandes por parte del Estado, el cual, para citar sólo dos casos: se niega en cabeza del gobierno de Iván Duque a ratificar el Convenio 190 de la OIT sobre violencia y acoso en el trabajo, y además sigue maltratando a las mujeres desde instituciones violentas como la Fiscalía y las Comisarías de Familia.

Los cambios sociales serán posibles si nuestra sociedad avanza en equidad entre los géneros. La paz, la superación de la pobreza y el cuidado de la naturaleza serán una realidad si se dan con garantías para los Derechos Humanos de las mujeres.

 


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